En ocasiones, para muchos de nosotros, la dispensa del deber de declarar para la víctima en los casos previstos en el artículo 416 Lecrim suele ser, o una bendición, o un auténtico martirio ( sobre todo en el 80 % de casos de violencia doméstica en los que además de prepararnos exhaustivamente un juicio por los increíbles honorarios de 230 euros aproximadamente, nos encontramos que el día de la vista la víctima pretende acogerse a la dispensa del deber de declarar). Sin embargo, éste martirio no solamente se produce para las acusaciones, si no que también puede producirse para las defensas que poco o nada saben del contenido de la dispensa, pues no sería la primera vez que por su Señoría se deniega a la víctima el derecho a acogerse a la dispensa, y tanto defensa como acusación se quedan totalmente absortos y faltos de argumentos contra tal decisión, mientras el Ministerio Fiscal sonríe pícaramente desde su estrado. Sentado lo anterior, procedamos a analizar una cuestión que me resulta de sumo interés.

Con ocasión a un juicio celebrado hace apenas dos semanas, plantee, como defensa, una cuestión previa a Su Señoría que si bien la dejó algo confusa, muy cortesmente ( y considero que también acertadamente) no tuvo inconvenientes en admitir, incluso sin la oposición del Ministerio Fiscal. La cuestión es la siguiente: en un proceso en el que la víctima puede acogerse a la dispensa al deber de declarar, debería ésta declarar previamente al acusado?. Como los lectores de éste blog saben, soy un fiel y encarecido defensor de la declaración del acusado como último acto de prueba, en aras a garantizar, por encima de todo, su derecho de defensa. Por ello, entiendo que éste derecho de la víctima puede ocasionar un grave perjuicio a nuestro defendido, pues imaginemos un caso en el que la víctima, previamente a la celebración del juicio, nos indica que se va a acoger a la dispensa de no declarar, y nosotros, confiados de que así será, indicamos a nuestro cliente que se acoja a su derecho a no declarar, éste lo hace, y posteriormente la víctima no se acoge a la dispensa y declara. Sin duda alguna, la sentencia seguramente será condenatoria. Por ello, en supuesto así, me decanto por establecer el siguiente modus operandi:

1- Hablar con la Acusación Particular ( si la hubiera ) para que en el caso de que la víctima quiera acogerse a la dispensa, ésta como cuestión previa desista de la acusación.

2- Indicar al juez, como cuestión previa, que en aras a garantizar al máximo el derecho de defensa de nuestro cliente, habida cuenta de la particularidad del interrogatorio al poder acogerse la víctima a la dispensa, se entiende procedente y ajustado a derecho que sea ésta quien previamente declare, para que si ésta no se acogiere al uso de la dispensa y por tanto declarase, nuestro cliente pueda declarar y mostrar su argumentos exoneratorios de la conducta imputada, pues en el caso en que la víctima se acogiera a su derecho a la dispensa, es lógico que nuestro cliente no declarará en la fase oral ( a no ser que existan elementos externos de prueba que por su entidad puedan considerarse más que suficientes para el dictado de una sentencia condenatoria, por lo que quizá en algunos casos el cliente deberá declarar para desvirtuarlos, eso sí, más que instruido por el letrado para que así sea).

Como indicaba anteriormente, éste argumento fue el que utilicé recientemente (mucho más extensamente, lógicamente) y que la juez acogió de buena voluntad. Resultado? Sentencia absolutoria.

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